El trabajo de la arquitectura siempre se ha asociado a un espacio, el estudio, en el que los diferentes agentes implicados utilizaban las herramientas disponibles para la creación de cada proyecto. Como mucho, se complementaba con la participación de agentes externos (ingenieros, calculistas, etc.) que colaboraban parcialmente en el proyecto. Sin embargo, con la creciente especialización de muchas profesiones, y sobre todo por la revolución de la información y la comunicación traída por Internet, los grupos de trabajo se dispersan cada vez más. Ciertamente, aún no es usual hablar de teletrabajo en arquitectura, pero sí son cada vez más frecuentes los equipos de trabajo (y los concursos o encargos) dispersos en la geografía. Desde estudios divididos en varias ciudades diferentes, lo que les permite abarcar una zona mayor, hasta colaboraciones circunstanciales entre profesionales de muy diversa índole, para hacer frente a un proyecto en particular.